Autor SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos

javierver

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SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos
Laos hasta nuestro viaje recorriendo algunas provincias del norte, solo representaba el nombre de un remoto país situado en el sureste asiático, cerrado para los ciudadanos occidentales hasta hace bien poco.
A lo largo de su historia este país ha estado rodeado permanentemente de potencias, de las que ha tomado elementos que han contribuido en gran medida a configurar su cultura y carácter de sus gentes. Sin que el mar toque sus tierras, la línea de sus límites  son:
China y Myanmar al norte; 
Viet  Nam hace frontera por el este del país;
Al sur con Camboya y todo el oeste con Tailandia.

Comentarios que sacaba de aquí y allá y apuntaba en mi cuaderno nos fueron animando:
EL VIETNAMITA SIEMBRA EL ARROZ
EL CAMBOYANO LO VE CRECER
EL LAOSIANO LO OYE CRECER
O el lema del país, “NO TE PREOCUPES, SE FELIZ” según escribía una de las guías de viaje.
La oportunidad de poder descubrir las numerosas etnias que lo pueblan, 
y ser el país de Asia con el entorno natural mejor conservado.
También, muy importante, no estar todavía muy masificado por el turismo.

Nos decidimos visitar el país empezando por el norte, con la idea de ir descendiendo hacia el sur hasta donde  los días y las circunstancias dieran de si, con una ruta de viaje marcada, algo imprescindible, aunque  abierta y flexible según las circunstancias que nos fuéramos encontrando en nuestro camino.

Volamos desde la península hacia Bangkok vía Paris. A la llegada unas horas de espera en el aeropuerto  y embarcaríamos en el vuelo que nos llevaría rumbo a CHANG RAI, turística ciudad del norte de Tailandia.
A pesar de estar agotados por el viaje sin tregua desde España, en la conversación mantenida con el amable taxista que nos acercaba desde el aeropuerto de Chang Rai al hotel, le pregunte medio  en broma al taxista si había algo interesante que hacer esa noche en la ciudad.
Su respuesta a mi pregunta fue contundente, “Por supuesto, es el festival de LOIKATONG”. “Es atractivo y divertido para los turistas”, espetó el taxista.
 El festival se desarrollaba en el entorno del río Mekong a su paso por Tailandia poco antes de abandonar el país camino de Laos. El festival se asemejaba a nuestras verbenas,
con chiringuitos improvisados donde comer y beber. Vimos  pocos turistas y la gente eran simpáticos. El entretenimiento a parte de comer y beber, consistía en acercarse al río donde adquirían centros florales con incienso y velas  que flotaban. Los depositaban en el agua dejando que la corriente los arrastrara, pidiendo deseos y soltando alguna oración. Las tranquilas aguas del río destellaban  luminosas reflejando las luces de un continuo despegue de faroles fabricados de papel, lanzados al aire sin pausa por las personas junto al rio. Subían rápidamente  por el propio aire caliente producido al arder la mecha colocada en su interior.  El cielo se llenaba de multitud de puntos de luz que se perdían en la lejanía.
 
Desayunamos descansados iniciando camino para abandonar Tailandia rumbo a Laos, país destino de nuestras vacaciones de un mes, noviembre del año 2014.El pequeño autobús en el que  viajábamos hacia la frontera era como de un cuento infantil:
Antiguo, pero completamente reformado o tuneado de manera artesanal. Se diría recién sacado de matricular. Pequeño, redondito por fuera y pintado de un brillante rosa arropía con detalles en blanco, parecía una tarta de merengue de las que compramos para festejar cualquier celebración.
Su interior totalmente reconstruido esmeradamente con chapados de madera pintados en color blanco y  asientos forrados con scays de color rojo vivo, combinaban a la perfección creando una identidad y personalidad propios. El suelo del pasillo a base de listones desgastados  de madera se diría de lo poco que se conservó  en su cuidada restauración. Ocupado en gran parte por sacos de arroz, cajas de cartón de las que salían sonidos de aves y mercancías varias. Al fondo se apilaban algunas sillas de plástico para hacer uso en caso que faltaran asientos para todos. El calor sofocante se combatía de manera sencilla con una ristra de pequeños ventiladores dispuestos en línea, colgados del techo del pasillo.
La banda sonora de esta tartita de merengue, el chucu-chu, chucu-chu de su motor, sonaba bien redondo y me hacía recordar el sonido de los motores de los viejos barcos pesqueros. 

 Viajar en este tipo de autobús en este país no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados. En la ruta los clientes,  la chica encargada de los tickets y del equipaje de los viajeros  y el chofer, democráticamente opinaban sobre el chiringuito de frutas más convenientes donde adquirir las bananas, o el establecimiento donde hacer una parada de descanso, apostados  aquí o allá en las cunetas. En el recorrido las paradas eran constantes para recoger o dejar a los pasajeros en cualquier lugar señalado por ellos.

Introducidos en territorio lao, cambiamos de autobús para dirigirnos a nuestro primer destino en tierras laosianas:
El espacio natural protegido de NAM HA (rio HA).
Antes, los trámites burocráticos de la frontera, en el paso fronterizo de CHANG KHONG, junto a HUAY XAI, al noroeste en territorio de Laos.
 
En estos primeros días de viaje, tuvimos tiempo de apreciar el abuso consentido  con las tarifas de los conductores de tuc-tuc  sobre todo con los FALANG (nombre con el que denominan los habitantes del país a los turistas), calificado por algunas personas laosianas  como de mafia.
Ojo también con algunos trayectos extras no calificado por las estaciones de autobuses o empresas expendedoras de billetes  (conviene sacarlos con antelación y siempre sin intermediarios que cobran comisiones) como “LOCO BUS”  (bus local, trayecto con horario marcado). Los trayectos extras ejecutados por compañías de bus, taxi o tuc-tuc  privados, establecen las tarifas que les vienen en gana, a veces con precios desorbitados. Es frecuente que el estresado y confundido falang que suele viajar con los días contados para ver muchas cosas, llegue a la ventanilla y sin preguntar más saque su cartera y pague lo que le pidan.
Y este detalle, empresarios sin escrúpulos lo saben manejar y se aprovechan.
Nos pareció un punto discordante que encontramos en el viaje por este país.

 LUANG NAM THA, es  la población más importante de la provincia .Esta en plena zona protegida. Va ganando adeptos, haciéndose muy popular entre los visitantes extranjeros.
El lugar fue arrasado durante la guerra de indochina por las bombas norteamericanas. Tras esta, se ha construido una nueva zona estructurada por una calle principal al pie de carretera, donde se encuentran hoteles, restaurantes, agencias de viaje y locales donde alquilar una moto o bicicleta para lanzarse a la aventura.
Si buscamos algo más auténtico y tranquilo para dormir o comer, alejados del cosmopolitismo
de la parte nueva,  podemos andar unos minutos hacia la zona antigua. Cuenta con una eficaz oficina de turismo.

Tuvimos la ocasión de gozar de uno de los hotelitos inolvidables del viaje. Un romántico rincón apartado, con casitas independientes de bambú rodeadas de jardín bien cuidado.
Las habitaciones contaban con un pequeño porche con mesita, dos sillas y hamaca al pie de un lago. Un lugar para olvidarte por un tiempo del mundo, coger fuerzas y reponerse. Es fácil llegar y encontrar. Se situaba en  los alrededores del mercado diurno.   

Para cenar nuestro lugar preferido era el NIGHT MARKET. En la calle principal, una puerta en el muro exterior daba paso a un amplio patio de suelo de cemento con mesas y sillas de obra.
El perímetro del patio lo ocupaba establecimientos donde se ofertaban principalmente comida local. La boca se me ensaliva recordando el exquisito pato asado y la ensalada de papaya verde preparada con tanto amor ante tus ojos.
 
Recién llegados a Luang Nam Tha, todavía algo despistados sin decidir qué hacer, nos acercamos en moto  a conocer  VIENG PHUCA, pequeña población situado a 60km y visitar su cueva cercana. La entrada de 1 o 2 € son la tasa a pagar habitual en este tipo de visitas, más otro € para la imprescindible linterna. La cueva era interesante como cualquier otra manifestación natural. Solo merece la visita si no tienes un plan mejor.

El asfalto de la carretera a Vieng Phuca estaba en buenas condiciones. Construida hace pocos años por el régimen chino, son considerados por el gobierno de Laos “auténticos benefactores”. La carretera placentera, transcurría entre montañas densamente cubiertas por la vegetación, salvo extensos  parches despoblados donde la tierra quedaba al descubierto. Heridas sangrantes en el paisaje, en plena zona natural y protegida a la vista de todos.
Al parecer los benefactores chinos, al ejecutar las imprescindibles obras de infraestructuras tan necesarias para el desarrollo de la región, desbrozan los márgenes de las futuras vías. Se les va la mano con el desbroce talando zonas enteras de selva primaria, donde abundan árboles de maderas nobles de crecimiento lento que necesitan decenas de años para desarrollarse, materia prima muy cotizada para satisfacer las necesidades  de los mercados occidentales. Actualmente siguen produciendo  grandes daños en él medio ambiente, sustituyendo  hectáreas boscosas de alto valor ecológico, incluso en zonas protegidas,  por nuevos monocultivos de árboles de caucho para la fabricación de neumáticos y plantaciones de cañas de azúcar y otros cultivos, que provocan arrastres de tierra vegetal y empobrecen la biodiversidad  natural.
Atemorizan los futuros planes hidrológicos del gobierno laosiano para la creación de centrales hidroeléctricas para la fabricación de energía, afectando sin miramientos ecológicos las cuencas fluviales que sufrirán una gran transformación.


































javierver

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Re:SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos
Vieng Phuka era un pequeño pueblo tranquilo. Nos llamó la atención no ver a ningún turista en contraste con Luang Nam Tha. En el camino de vuelta vimos un grupo de piedras grandes que salían de la tierra junto a la carretera, de formas puntiagudas  como especie de monolitos envueltas con guirnaldas confeccionadas con flores de plástico de alegres colores llamativos.     

Teníamos mucho interés en conocer de cerca las aldeas de las etnias asentadas en la zona.
Habíamos leído que para este fin era más favorable contratar el trekking desde Vieng Phuca, en vez de desde Luang Nam Tha, donde nos encontrábamos.
Madrugamos para coger el primer transporte disponible para llegar a esta población que habíamos estado el día anterior. En la agencia de transporte de Luang Nang Tha situada en frente del Night  Market, una eficiente chica joven de manos cuidadas y alargadas,nos gestionaba la manera de llegar a Vieng Phuca. Es temprano en la mañana y a pesar de ello el “Loco bus” va lleno y no quedan plazas. Para desplazarnos hasta allí tendremos que contratar un transporte privado. Un señor que andaba en la oficina al acecho nos ofrece llevarnos por 30€ cada uno en su jumbo (tuc-tuc) por un trayecto de 63 kms. por la N-3. Carretera principal del país construida íntegramente por los chinos para comunicar YUNAM ciudad fronteriza al sur de China con Tailandia atravesando Laos y así poder colocar sus productos en este país, a la vez de sacar toda la materia prima que Laos le proporciona a este gigante asiático.
No estábamos dispuestos a desembolsar este dinero.  Me enervé viendo la cara del aprovechado transportista y ante la imposibilidad de poder desplazarnos al pueblo vecino hasta el día siguiente.  Ante mi enfado la chica de manos alargadas sentada tras la mesa empezó a buscar algo entre papeles y cuadernos…  y de pronto su cara sonrió. Había encontrado un transporte privado por solo 4€ más caro que el autobús local.

Al llegar a Vieng Phuca buscamos alojamiento. Tuvimos mucha suerte al dar con un  lugar idílico para nuestros gustos, encaminados siempre a todo lo que sea diferente a lo que estamos acostumbrados. Nos decantamos por el regentado por una señora que era muy graciosa. Una alineación de casitas de bambú independientes construidas sobre pilares de madera a pie de rio, con baño completo incluido en la habitación, porche con magníficas vistas  del rio NAM CHOUK (las mejores vistas desde la nº1), con mesita, dos sillas y hamaca de colgar. Pradera de césped y jardín por 4€, nos pareció no podíamos pedir más.

La señora era muy dicharachera, en seguida entablo conversación con nosotros refugiados del tórrido sol sentados en una mesa bajo un árbol. Resulto que su sobrino era guía de trekking. Nos puso en contacto con él. Al ser solo dos personas, María y yo, la excursión salía algo elevada. Tras una muy ardua negociación con el guía que era duro de pelar, terminaríamos pagando 50€ por persona  por una excursión de dos días (que terminó siendo día y medio)  que incluía las comidas y dormir una noche con una familia en un poblado Akha. Caminaríamos por tramos de selva y visitaríamos varios poblados. Lo supo vender muy bien y dimos el dinero a cuenta que solicitó necesitaba para los preparativos del día siguiente. 
Durante la noche las tormentas nos despertaron en varias ocasiones.  A ratos la lluvia se oía caer fuerte sobre el tejado. Por la mañana el día estaba nublado y feo. El restaurante de su prima, junto al rio haciendo esquina (no hay otro) donde habíamos quedado, estaba cerrado y sin nada para comer. Y eso que lo habíamos encargado la noche anterior. La chica improvisó una sopa de verduras (aguachirri) y unos huevos, difícil cocinar peor. Al ver la cuenta me sentí estafado y dije que no volvería jamás.

De los nervios tras el desayuno, esperamos al guía hasta que apareció al fin con mucha tranquilidad. Con la lluvia, nos dijo, el terreno estaba enfangado y habría muchas zonas donde resbalaríamos. Había que postergarlo hasta que la lluvia parara y la tierra oreara.

Fue entonces cuando comprendí porque aquí no se veían turistas mientras que a 60km de distancia en Luang Nam Tha estaba atestado de ellos. En este lugar no había donde alquilar motos o bicicletas, nadie hablaba inglés ni mostraban mucho interés en perder su tiempo intentando entender a dos falang.
Al no haber establecimientos  donde comer nos dirigimos al mercado donde se suele cocinar bien y barato. Un puesto cocinaba solo PHOE (típico plato por antonomasia lao, cuenco de caldo de ave, o ternera, o cerdo con fideos de arroz, trozos de carne y verduras) grasiento en un sucio lugar. Por la cocina pululaban “como Pedro por su casa” perros pulgosos y gallinas mientras la señora realizaba los preparativos del guiso en el poco aseado suelo de tierra.
Al querer comprar unas bananas en los puestos del mercado nos pidieron varios euros.
Al intentarlo en el puesto de al lado las señoras se ponían de acuerdo y todas pedían el mismo precio. No sé porque nos miraban mal y eran antipáticas.
Esta situación no la entendíamos y nos hacía sentirnos mal.

Tras pasar dos días esperando cesara la lluvia la mañana amaneció soleada. El guía nos esperaba en el lugar convenido y montamos en una pick-up vieja y sucia que olía a  ganado.
En un cercano cruce nos apeamos  y cuesta arriba por un camino de tierra empezaba la excursión. Nuestro guía se asemejaba físicamente a un buldócer. Con una treintena de años, era tímido y poco dado a conversar. Era difícil de entender con su fuerte acento.  Se había formado como guía para turistas a través de un “proyecto europeo de ayuda al desarrollo” hacía 2 años. A lo largo de dos meses él y sus compañeros, de 7 a 9 de la tarde, aprendieron  a hablar inglés y a saber tratar a los turistas. ¡Ciertamente admirable!               

En el primer día de la ruta había que atravesar hasta en 7 ocasiones ríos. La sorpresa fueron  las tenaces sanguijuelas. Difícil de hacerse a la idea si no se ha vivido. Trepaban por zapatos y piernas atravesando calcetines y pantalones. Tras la lluvia en la tierra mojada, aprendimos a divisarlas entre la hierba del suelo, estiradas hacia arriba con movimientos semejantes a la danza de bailarinas. Nuestro honorable guía confesó que nos  lo ocultó.
María para cuando llegábamos al primer río todavía no se había hecho a estos animalillos y chillaba nerviosa fuera de si cuando sentía su picadura en la piel.  El guía intentando paliar de alguna manera la desagradable situación y el estado de nervios de María, la cogió de la mano para ayudarla a cruzar el cauce, con la mala fortuna  de resbalar al pisar una piedra arrastrándola con él al agua. Salieron chorreando agua de arriba a abajo y yo perdí un calcetín que fue imposible encontrar. El comienzo de la excursión no auguraba nada bueno.
La primera comida no consiguió subirnos el ánimo. Tampoco la cena, en un poblado de la etnia AKHA. La gallina vieja, in masticable, era difícil de tragar en un poblado de casas de madera que flotaban en barro y detritus de cientos de cerdos, gallinas y perros  que pululaban sueltos. Difícil encontrar un poblado más sucio e insalubre. Que asquerosidad de lugar!!!
Cuando me quejé por estas cuestiones, él guía se defendió diciendo que así es como vivía y comía la gente lao rural.

Durante el camino y en el poblado akha donde llegábamos al atardecer, la norma general  para María y yo, era de ser seres invisibles para las personas que encontrábamos. Nadie nos miraba ni nos hacían caso. No nos respondían a nuestros saludos ignorándonos. En la casa el trato con la familia nada mejoró. Los vecinos nos miraban con recelo.
La casa donde dormimos  tenía suelos y paredes de madera. Techo de chapa ondulada. Levantada del suelo por pilares de madera, se accedía por una escalera que desembocaba en un pequeño porche que daba paso a la cocina y junto una despensa donde se guardaba arroz y otros alimentos dentro de calabazas y troncos de árboles huecos con tapaderas de madera. Utilizaban cestos de diversa factura, confeccionados con bambú y otras fibras vegetales.
Separado por un tabique estaba una habitación que servía de estar y dormitorio, donde se ubicaba la televisión. Los niños veían dibujos animados y las mujeres las telenovelas tailandesas que hacían furor.
En la cocina se guisaba en el suelo sobre una chapa de hierro. Encima del fuego, colgados del techo dos parrillas de palos dispuestos en paralelo servían para secar alimentos como el pimiento chile y manojos de hierbas. La taza del w.c. (toilete) comunitario, dentro de una pequeña caseta de listones de madera en la calle, con el suelo embarrado alrededor. La ducha, un grifo multifunción en la calle.
Nos sentábamos en pequeños y bajos banquitos de madera casi a nivel del suelo.
Dormimos en esterillas sobre el suelo junto a la familia y el guía. Una experiencia.

Terminada la comida del día siguiente con su correspondiente ración de KHAO NIAW (ARROZ GLUTINOSO, arroz cocinado al vapor)  y gallina vieja, un pick-up todavía más viejo y sucio que el anterior, vino a recogernos para acercarnos al pueblo. Una cinta roja de plástico rozaba el suelo en la parte delantera debajo del motor.  Un ruidoso TACA-TAC se oía salir debajo del  vehículo y fue creciendo en intensidad  hasta que un !crack¡ hizo detenerlo. La cinta roja de plástico que sujetaba la trócola de la tracción se soltó.  Reparada una vez más con la misma cinta plástica, andamos  un rato hasta llegar a un grupo de casas de la etnia LAHUM.
Un alambre que colgaba de una fachada fue la solución definitiva para terminar con la avería y los ruidos. Regresábamos por caminos de tierra y piedras  por entre montañas de selva, habitadas por tigres, monos, osos y otros animales que no se dejaban  ver, atemorizados por jóvenes cazadores armados con escopetas de largos cañones construidas por ellos mismos. Andando o motorizados los cruzamos por los caminos, siendo blanco de sus armas cualquier animal con patas o alas, fuente de proteínas para la alimentación.
Nos despedimos, con la lección aprendida de volver a contratar los servicios de un guía.

Ante la imposibilidad de poder alquilar una moto en Vieng Phuca volvimos hacia Luang Nam Tha. Pretendíamos hacer un circuito cerrado en moto recorriendo las cuatro provincias que conforman esta región montañosa del norte del país:
LUANG NAM THA
VIENG PHUCA
LONG
MUANG SING
Para hacer este trayecto por pistas nos decantamos  por la máquina china, de más cilindrada y que tan mala fama tenía entre los turistas, por 5€/día.
Nos recomendaron NALÉ, con pocos turistas, primer destino del circuito, al que llegaríamos por pista. No estaría en buenas condiciones y menos ahora con las lluvias.
Más allá, nuestra información era nula. El camino hacia Nalé, de tierra en tramos con aportaciones de zahorra, lo hacían más transitable sobre todo con la fina lluvia que nos acompañaba. Transcurría por trozos de selva dentro del parque nacional, haciéndolo más intrigante. De vez en cuando nos cruzábamos con motoristas que nos saludaban. Otros hablaban con nosotros amistosamente desde su moto. El rio Nam Ha nos acompañaba en el lado derecho del camino, metidos entre laderas forradas impresionantes de densa masa de bambú. Con las gotas de lluvia al salir el sol se iluminaban de miles de pequeños refulgentes puntos de luz. La textura de estos bosques eran vibrante y espectacular. Descubrimos una aldea en la ladera oculta entre palmeras y vegetación. Los niños se bañaban en la orilla y un barquero con su alargada canoa  movida a remos, luchaba contra la fuerte corriente para atravesar a los aldeanos de una orilla a otra que regresan cargados de mercancías.
La estampa es idílica y soñamos  con perdernos unos días en este lugar sin electricidad. 

A unos kilómetros más adelante en playas de arena, descubrimos dispersas algunos grupos de canoas varadas. Al fijarnos con detenimiento hallamos por encima, ladera arriba, escondidas entre la frondosa vegetación, pequeñas casas de bambú habitadas por familias que viven apartadas de la civilización. Libres. Habitantes de la selva, dependen del bosque que los acoge y del rio, donde obtienen todo lo necesario para su sustento.     


La noche en Nalé la pasamos oyendo llover. A ratos se empeñaba con fuerza. Por la mañana buscábamos donde desayunar y siempre nos mandaban al mismo lugar. No entendíamos  por qué. ¿Qué ocurría? Se había cortado una calle, colocando un toldo de plástico verde que la cubría. El espacio lo ocupaban mesas y sillas. Bolas de arroz glutinoso metidas en bolsas de plástico, palillos y cucharas reposaban encima de las mesas. El olor a foe llenaba el aire. Provenía de una gran olla calentada con el fuego de unos palos que ardían en un garaje contiguo en el que había mucha algarabía. No llegue a conseguir enterarme el por qué, pero esa mañana desayunamos gratis en Nale.

A la vuelta al guest house a las afueras cerca del restaurante junto al rio, en un edificio oficial de desarrollo y planeamiento tendida sobre el suelo sobre las imprescindibles hojas de plataneras yacía una vaca muerta y algunos hombres se disponían a eliminar el pelo de su piel con agua caliente cuchara en mano. Otros con cuchillos y uno que parecía el cabecilla con un soplete de gasolina. Como no teníamos nada mejor que hacer en esa mañana lluviosa este espectáculo surrealista nos vino como anillo al dedo. ¿A qué se debía tanto alboroto?

La lluvia era constante. Una veintena de hombres del pueblo se afanaban con la vaca. Cuando terminaron de apartar el pelo del animal llegaron las mujeres con grandes ollas y se encendieron varios fuegos en el suelo. Descuartizaron al animal, troceando la carne sacando las diferentes piezas. Era un espectáculo en vivo y en directo, algo parecido a nuestras matanzas. Los hombres y mujeres fueron abriéndose con nosotros. Algunos chapurreaban  inglés, comenzando a conversar. Nos contaron que la tía de uno de ellos que llamaban jefe, había fallecido. Era una familia con posibles y al parecer había ofrecido la vaca en ofrenda a la gente del lugar por este hecho.
Entusiasmado no perdía detalle fotografiando todo el proceso. Alagados por mi fervor repetían: “Falang foto” cada vez iniciaban un nuevo proceso.
Comenzaron a cocinar las diferentes partes del animal mientras seguían con el proceso. Discutían entre ellos peleándose por darnos a probar la carne que iba saliendo de los grandes calderos. Repetían: “Falang, prueba esto”. La carne estaba  blanda, jugosa y exquisita. Acompañado de arroz glutinoso (como el pan para nosotros), fuimos probando desde las vísceras a todas las partes comestibles de la res.

Repleto el estómago de carne y arroz, a medio día la lluvia cesó. Cogimos la moto y seguimos nuestra ruta circular hacia Vieng  Phuka, pero en esta ocasión no sería por la asfaltada nacional 3 como en otras ocasiones, si no por pistas atravesando  la selva por parajes inhóspitos  que desconocíamos, sin saber que nos encontraríamos en el camino, ni el tiempo empleado.
Este día de viaje lo recuerdo como muy especial, solo recomendado para experimentados en la conducción sobre dos ruedas. Disfrutamos de paisajes de montaña alucinantes de la reserva nacional. De tramos de selva increíbles como no habíamos visto antes. Durante kilómetros en los que no se veía un alma.
El mes en que viajábamos, la recogida de la cosecha de arroz estaba en su apogeo. Los habitantes de las zonas rurales, hombres, mujeres y niños, estaban atareados desde el alba hasta esconderse el astro rey con esta labor. Cerca de los caminos aprovechando los llanos entre las montañas, aparecían aquí y allá pequeñas zonas cultivadas con este cereal, base fundamental en la alimentación en esta parte del mundo. Pudimos observar a lo largo del viaje el trasiego de los sacos de arroz en bicicletas, motos, autobuses e incluso canoas y barcos.

La simpática y dicharachera señora del guest house de Vieng Phuka que habíamos dicho adiós unos días antes, sonreía desconcertada al vernos aparecer de nuevo. Su marido nos miraba de arriba a abajo admirado sin dar crédito al ver la moto y nuestras ropas  manchadas de barro del carril de arriba abajo, incrédulo al enterarse de nuestra travesía. “Eso no es posible” repetía mientras se daba la media vuelta. Nos sentíamos como si volviéramos a casa.

javierver

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Re:SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos
Aseados y con ropa limpia salimos a la calle a cenar algo y beber una merecida cervecita  BEERLAO de 650ml (10.000kip, equivalente a 1€). Fresquita era insuperable.
Cenamos unos trozos de tofu a la plancha en un puesto a la entrada de una casa en frente del mercado.  La comida nos brindó conocer a Manolito, marido de la señora que nos atendió. Manolito, resultó un gran conversador. Sació nuestras curiosidades a cerca de la cultura lao.
Lo de Manolito viene de su parecido físico con nuestro cuñado.  Contó era agricultor y cuando se daba se prestaba hacer de guía para los falang. ¡Pena no haberlo conocido antes!
Somhak1996@gmail.com
Teléfono 85602055086887
Nos invitó a una ceremonia de sanación de un bebé de días en casa de unos vecinos suyos, dirigido por un brujo del barrio. La ceremonia, un rito interesante y curioso para la cual los vecinos asistentes donaban algo de dinero, bebidas y comida para los padres de la criatura.
Después del acto, sentadas todas en el suelo alrededor de una mesa pequeña redonda, pasamos a una mesa con sillas para degustar varios platos de comida a cual de ellos más sabroso. Recuerdo sobre todo unos pequeños peces de rio fritos que se tragaban enteros. 
Sin entendernos verbalmente, no parábamos de conversar y decir tonterías entre risas constantes. Recuerdos inolvidables nos quedó de esta gente tan acogedora que abrieron las puertas de su casa a personas que no habían visto jamás.   

LONG era nuestro nuevo destino muy apetecido pues en el mapa aparecía poblada de aldeas. La pista atravesando el área protegida nos contaron era increíble, pero desconocíamos el estado de esta. Cuando preguntábamos a la gente del lugar por este camino “era ok”, decían. Tenía la corazonada era un sitio muy especial y me empeñe con cabezonería en llegar allí. Nada más dejar las últimas casas empezó la pista a convertirse en un barrizal impracticable. Grandes baches llenos de agua donde cabía media moto dentro. Una papilla delgada y barrosa cubría la superficie endurecida del camino resbalando como un espejo. El cielo encapotado  amenazando lluvia y resbalones de las ruedas me hacían dar pisotones en el suelo para enderezar la moto de continuo. A pesar de las quejas de María
“Esto es una locura tuya”, continuamos hasta una larga cuesta arriba que hacía impracticable continuar incluso para un vehículo todo terreno que dio la vuelta.     

Nos volvimos siguiendo  camino a MUANG SING al día siguiente. Lugar más turístico en sus alrededores contaba con multitud de asentamientos de diferentes etnias como los Akha, Khmu, Hmong, Tai Neua, Yao, Lolo, etc. Podríamos intentar llegar a Long por el otro lado.

El día seguía encapotado y por el camino estuvo lloviendo. Paramos en varias ocasiones en que la fuerte lluvia no dejaba ver. Nos refugiamos bajo varios techos en el trayecto a Muang Sing. En una ocasión nos metimos bajo el techado de una casa al borde del camino. Una casa como las demás que no la hacía especial, pero resultó ser un puesto de la policía. Al aflojar la lluvia  decidimos continuar. Nos asustamos cuando de manera tajante nos obligaron a permanecer sentados. ¿Qué ocurría, que habíamos hecho? No entendíamos el cambio de actitud, hasta que trajeron unos cuencos y palillos. Entendimos que pretendían compartir un pollo guisado con nosotros. Respiramos aliviados.

En Muang Sing volvimos a encontrar falang. La población conservaba algunas casas coloniales de la época francesa. Destacable la convertida en la actualidad en museo. Su holgado techo cubría la planta como un amplio sombrero.
Recorrimos algunos poblados de diferentes etnias y vimos personas vestidas con las ropas tradicionales de su etnia. Las mujeres fabricaban en telares los tejidos delos típicos sarongs, tela típica en el país con el que se cubren de cintura para abajo hombres y mujeres. Cosían y confeccionaban ropas, gorros, pulseras y bolsos que vendían a los turistas. En las fachadas de las casas bajo techo, grandes manojos de mazorcas de maíz se secan al aire.
Estábamos pegados a la frontera con China, tan solo 8km nos separaba. En uno de nuestros desplazamiento en moto me entusiasme zigzagueando camiones con matricula china parados en la estrecha carretera. No vi la barrera de la frontera que estaba levantada y sin saber continué hacia delante por territorio vecino hasta que un guardia de fronteras chino en medio de la carretera con los brazos en alto me dio el alto. 

En las regiones del norte de Laos cercanas a la frontera hay bastante población china asentada con sus negocios. Estos ciudadanos diría se creen superiores al pueblo lao y resto del mundo. Se comportaban de manera arrogante y antipática. Les molestaba cualquier pregunta o comentario. “No les importa lo más mínimo lo que te pueda ocurrir”. Nos contaba Heike, una chica alemana que llevaba dos años recorriendo el mundo en su bicicleta www.pushbikegirl.com. “No volvería a poner mis pies en este país aunque admiro su vasta cultura”, decía.
En los pueblos las casas más grandes, ordinarias y de mal gusto, pintadas de colores con ostentosas columnas y balaustradas son propiedad de los acaudalados chinos. Lucen garajes repletos de  vehículos 4x4 último modelo, haciendo gala de su estatus de nuevos ricos. Contrasta con las pequeñas casas construidas con madera o cañas de bambú de la población. 
 
Visitamos el interesante mercado algo apartado. Muy concurrido, hombres y mujeres iban vestidos con sus trajes tradicionales. Comimos algo eligiendo entre los puestos de comida. Nos avituallamos de fruta y arroz glutinoso para tener algo que comer en el camino. Me encantó, sobre todo cuando él arroz venía metido cañas de bambú.
Este mercado hasta hace muy pocos años era el lugar donde se mercadeaba a plena luz del día y de manera legal la producción de opio del TRIANGULO DE ORO, siendo Muang Sing el epicentro de distribución a nivel mundial de esta sustancia. La marihuana se vendía de manera legal en pequeños puestos por la calle. Por supuesto hoy en día toda esta mercadería ha desaparecido a la mirada del transeúnte.         

Desayunamos en el mercado nocturno aunque era por la mañana. Medio abandonado solo dos locales se encontraban abiertos. Preguntando conseguimos llegar a la carretera a Long, última población por visitar de nuestro circuito. Un señor, amablemente se encargó de quitarnos de la cabeza esta idea. El asfalto terminaba en un par de kilómetros y la pista con la lluvia se encontraba embarrada e impracticable. No tenía ningún sentido ir en esa dirección pues no llegaríamos a ningún lugar. La lluvia aprieta en la carretera  de vuelta.

Los autos al no disponer del triángulo señalizador de avería, ingeniosamente cuando se detienen en la vía o tienen que señalizar cualquier tipo de peligro recurren a amontonar ramas de árboles en el asfalto. Curioso es el uso del paraguas. Como parasol los días soleados sobre todo por las mujeres y para el agua los días de lluvia, ya sea andando, en bicicleta o moto.

Un autobús nos transporta hasta PHONSALI donde hacemos trasbordo hasta MUANG KHIAW, un pueblito de calles floreadas y estrechas en cuesta. Un lugar agradable nos pareció. Dormimos junto al embarcadero del rio en un guest house (5€) construido de madera, tipo chiringuito de playa, algo cutre y de aspecto sucia la habitación. Adosado a una ladera de la montaña volado sobre unos altos pilares de madera. Para llegar hasta la habitación había que sortear la diferencia de altura a través de largos e inestables puentes colgados de madera que se movían  al andar dando vértigo. Atractivo y con encanto a pesar de su rusticidad.
Había que madrugar para coger el barco a primera hora, pues te arriesgabas a que no hubiera plaza. Al despertar nos encantó la perspectiva del lugar desde la amplia terraza del bar-restaurante. Un embarcadero donde se arrimaban iban y venían embarcaciones estrechas y alargadas con una pequeña cabina a proa desde donde se dirigía y un techo a todo lo largo que resguardaba del fuerte sol. La privilegiada vista desde la terraza en alto ofrecía en primer término la imagen de una vasta franja de arena como una playa del atlántico y contiguo el ancho rio abriéndose paso en la verde espesura de la vegetación que se perdía en el horizonte con el tránsito de los barcos. Se respiraba un ambiente marinero que me recordaba la costa.
Embarcados sentados transversalmente en el suelo de madera, apretados y con las piernas recogidas (conviene llevar cojín) descendemos por el caudaloso rio NAM OU. Pescadores en canoas lanzando pequeñas  redes nos saludan al pasar. Las riberas en tramos se encuentran humanizadas con chabolas en alto. Maíz y otros cultivos de huerta se cultivaban en las arenosas orillas. Grupos de búfalos de agua descansaban en los márgenes. Otros se defendían del intenso sol metidos cubiertos de agua. Algunos grandes árboles caídos y bocados en los márgenes del rio dan muestra del daño ejercido por la fuerza del agua en las riberas. Vegetación exuberante a los dos lados y esplendidas montañas estrechas y puntiagudas cubiertas de matorrales nos provocan continuas exclamaciones de asombro. A cada rato el motor sube de revoluciones para hacerse valer cuando atravesamos tramos de rápidos que intentan desviar la trayectoria de la canoa. Hay que ser un avezado conductor para gobernar la embarcación en estas aguas. Es habitual ver manejar el timón con los pies mientras se saca el cuerpo por el lado de la cabina para poder divisar más nítidamente lo posibles objetos que pueda arrastrar el rio.

Tras cuatro horas de trayecto con una breve parada en un grupo de casas aprovechado para aliviar la vejiga, llegamos a la pequeña aldea de MUANG NGOI NEUA rodeada de grandes montañas calizas estrictas y puntiagudas, como conos, cubiertas de vegetación. ¡El paraje es impresionante! 
Esta agrupación de casas estructurada sobre una calle principal con casas a los lados se ha convertido en un buen lugar donde hacer un receso, a pesar de empezar a ser visitado por los turistas que han hecho perder su antiguo aspecto de aldea de pescadores.
Da la impresión que cada casa es un home stay o restaurante. Existe buena oferta hotelera, destacando los agradables bungalós de caña de bambú con vistas al rio rodeados de jardín (4 a 8€). Los lugareños están volcados con el turismo. Nos sentíamos como en una isla.
La calle principal ofrece la perspectiva al fondo de una gran montaña y al otro lado un antiguo WAT (templo budista) donde se respira un ambiente de sosiego y paz. Es normal  que los wat alberguen en su entorno, en este tampoco falta, una estructura cuidada que sombrea protegiendo una esmerada larga y estrecha canoa utilizada en competiciones anuales en los ríos, tripuladas por hasta más de 60 jóvenes, propulsadas con remos de una pala, por septiembre u octubre pasado el monzón. Las regatas más importantes son las de Luang Prabang que arrastran multitud de visitantes.
Se puede realizar un paseo de un par de horas para subir a un alto monte donde  disfrutar desde su cima de fabulosas vistas de la población y del rio. Además dispone de amplia oferta para realizar excursiones con los lugareños en barca por el rio, día de pesca y otras actividades.

En el recorrido en barco a Muang Ngoi Neua donde nos encontramos conocimos a unos divertidos jóvenes italianos. Con ellos fuimos  a la aldea de HUAY XEN a unas cuatro horas de caminata. Pasamos la noche en casa del afable KHAMPHAN. Nos han hablado de su hospitalidad y de su aguardiente de arroz, conocido en el país por LAO  LAO,  destilado por él mismo. Dormimos en casita de bambú con w.c. comunitario por 1€.

javierver

  • Casi, casi Vietnamita
  • ***
Re:SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos
Una hora de barco rio abajo nos separaba de NONG KHIAU. Subiremos al autobús para transportarnos a la capital espiritual de Laos, la afamada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco ciudad de LUANG PRABANG. Esta ciudad me conmocionó  por su belleza, junto al tan amado rio Mekong. Se engalanaba  de esplendoroso colorido con el atardecer. El centro de la ciudad remodelado recientemente, ha sufrido la transformación de sus calles con aceras y bordillos de barro cocido y el enlucimiento de sus bellas casas coloniales facturadas de blanco y oscuras nobles maderas  de la época de dominación francesa. Lograda arquitectura que no tienen desperdicio ninguna, sobresaliendo esplendidas las mansiones cercanas a la ribera del Mekong que luce majestuoso. Echo de menos el olvido en el tratamiento de los exteriores, la falta de terrazas, porches y jardines. Con la llegada del turismo se han ido transformando en restaurantes, boutiques de diseño y distinguidos hoteles para occidentales pudientes.
El centro está salpicado de bellísimos wat budistas todos impresionantes y de visita obligada, al igual que el museo de la ciudad en el Palacio Real, si se está interesado en conocer más sobre la cultura y la manera de vivir de las familias reales del país.
La música tradicional es un buen camino para adentrarse en el conocimiento de un pueblo. No conseguí hacerme con un cd de esta música. En Laos, olvidada durante años de guerra y conflictos, al preguntar por música tradicional lao me hablaban de jóvenes cantantes de karaoke. Se oyen por todos lados con sus tristes lamentos de amor.
Tuvimos la oportunidad de asistir al primer pase de la Opera Laosiana en el Teatro Real. Su origen popular mezcla teatro, música y danza. Es un espectáculo  dinámico, colorido y vistoso.

Encontramos buena oferta en lugares para comer, desde la opción callejera variada y barata hasta restaurantes de tres tenedores que servían comida occidental y asiática. Carta de vinos y licores de cualquier región del mundo menos de España. 
Hoteles encontramos igualmente para todos los gustos y bolsillos. Algunos con encanto.

Para huir del bullicio y tener un rato de sosiego, donde comer, tomar algo e incluso dormir, 
la agradable terraza con plantas y pájaros al final del mercado de día, muy céntrica y tranquila al finalizar este.  Se lee un gran cartel blanco en su puerta con las palabras SAME SAME.   
Para pasar unas horas divertidas y formarse haciendo nuevas amistades es interesante asistir a los cursos de cocina laosiana. María se lo pasó genial y aprendió mucho. Conviene comparar instalaciones y precios antes de meterse en los fogones.

El mercado nocturno repleto de puestos y las tiendas adyacentes con gran oferta, es un buen lugar para adquirir objetos  y ropas de artesanía para uno mismo o para llevar de recuerdo.
 
En las calles y wat vimos carteles pidiendo a los turistas respeto en la ceremonia diaria de la  Ofrenda a los Monjes. El último día madrugamos antes de la salida del sol para observar este antiguo ritual. Me conmovió como la personas, sobre todo mujeres mayores, se arrodillaban y humildemente pedían a los monjes aceptaran la comida que donaban. Emocionante.
No esperar ningún espectáculo.
Con mucha pena dejamos esta ciudad donde se respira un aire especial.

PHONSAVAN y las LLANURA DE LAS TAZAS nos esperaban para seguir sorprendiéndonos en este estupendo viaje.
La puerta del autobús no se cierra para aliviar el intenso calor de la carretera. Tampoco las  ventanas, sobre todo las de detrás, pues el humo del escape entra por uno de los costados posteriores. A nadie parece molestar. Tampoco la conducción del chofer que se asemeja a un suicida. Nadie se altera cuando en los adelantamientos estamos a punto de estamparnos con un camión de frente. Nadie se inmuta. Es la tónica habitual. ¡Sorprendente!
Los bellos paisajes de montaña se ven manchados de heridas provocadas por los deslizamientos que hacen que la carretera se vea cortada en tramos por los trabajos de retirada de la tierra caída provocada por las lluvias y la falta de masa arbórea.   
Nos sorprendemos de pronto  por los gritos de alborozo de una señora sentada junto al conductor del bus. Se levantó alteradísima de su asiento en mitad del pasillo dando voces. El autobús se detuvo en seco. La señora se apeó regresando tras conversar con un señor en la cuneta con un aro de alambre donde se insertaban murciélagos de la fruta, al parecer manjar culinario muy apreciado.

Phonsavan nos pareció una pequeña ciudad industrial y dinámica en desarrollo. En la calle se notaba la alegría de la economía. Tal vez fuera por que estuvimos en plena Fiesta del Año Nuevo de la etnia Hmong, muy abundante en esta parte del país. Debido a esta festividad las gentes de esta etnia se reunían en la ciudad. Las calles estaban repletas de personas, siendo complicado encontrar hotel. Las niñas pequeñas (monísimas) y las mujeres, iban ataviadas con sus trajes tradicionales. Las jóvenes de muy bello rostro, lucían orgullosas y coquetas como princesas con sus vestimentas. Estos días festivos se aprovechaban por los jóvenes de los dos sexos para relacionarse y poder formar parejas,  donde saldrán matrimonios y nuevas familias.
Para conocerse realizan un juego en el que una línea de chicas se coloca en paralelo frente a otra de chicos. Chicos y chicas se lanzan una pelota recitando una frase al lanzar la pelota. En improvisados campamentos en los alrededores de la población donde se reúnen las familias, pudimos ver a los jóvenes jugando a este simple juego ancestral.

Junto a la estación de autobús estaba instalada una feria como las que recuerdo de mi infancia. No faltaban las tómbolas con las muñecas chochonas, la pesca de patitos o el tiro con escopeta de aire comprimido. Coches de choque y atracciones para los más pequeños.
Al caer la tarde el aire se llena de olores. Las mujeres sacan las barbacoas a las puertas de las casas y en las brasas asan pollo (kai), panceta de cerdo (muu) o pescado (pqa), principalmente.
Solo se cocina con leña o carbón.
Recomendado con diferencia para las comidas (Gran variedad de platos a buenos precios) y los bocadillos de las excursiones, uno de los últimos bares de la calle principal, con mucha afluencia de gente local.

Las mañanas amanecían con densa niebla a diario y la temperatura era fresca. La bruma no despejaba hasta mínimo él mediodía. Habitual en estas fechas. Decidimos visitar por nuestra cuenta las tres principales zonas donde se encuentran las “Prehistóricas Jarras” construidas con piedra, a pesar de las advertencias de personas vinculadas con el turismo. 
Avisaban que los caminos eran polvorientos. Viajando en moto, además de tragar polvo del camino, corríamos el peligro que alguna piedra saltara y nos hiciera daño. Desoyendo estos consejos, alquilamos una moto en Phonsavan (primordial probarla antes) y madrugamos. 
A pocos kilómetros del vecindario por carretera asfaltada se encontraba el cruce señalizado por un cartel por donde nos desviamos para continuar por camino de tierra y grava.
Con motivo de la fiesta de Fin de Año Hmong había gran afluencia de visitantes. Voluminosos todoterreno nos adelantaban a gran velocidad sin miramientos de motoristas o peatones viandantes, levantando grandes nubes de polvo y piedras sueltas de la vía a su paso. Una de ellas golpeo a María en el hombro causándole gran dolor. Es ley no escrita en esta parte del mundo que en la carretera manda el más grande. Por orden de volumen el jefe es el camión, seguido del  autobús, coche, moto, bicicleta. Por último, el peatón sin derecho alguno debe de dejar paso en toda circunstancia.

El yacimiento nº1 se encuentra a 15 km. Nos pareció el menos atractivo a pesar de acumular el mayor número de jarras. El ondulado relieve del paisaje con escasa vegetación de pinos y eucaliptos nos transportaba a entornos de ambiente mediterráneo. Al igual que los demás yacimientos debes ir por la zona marcada sin salir de ella. Exclusivamente esta área delimitada ha sido limpiada de los restos de artillería sin explotar (UXO). Por doquier se veían grandes oquedades en el terreno causadas por las bombas lanzadas en los bombardeos americanos. En un pequeño refugio se exponía en carteles los horrores de la guerra y mostrando las penalidades sufridas por la población, aldeanos que no comprendían que ocurría. Los datos eran escalofriantes. Se calcula que los americanos dejaban caer una bomba cada 8minutos durante las 24horas del día durante los años que duró la contienda. Laos fue el país que más toneladas de bombas recibió en su territorio. Las cifras asustan.  Junto con Camboya, son los dos países olvidados del conflicto y que menos ayuda han recibido. Me estremeció una foto en blanco y negro que reflejaba la cara de coraje de una chica laosiana manejando  una ametralladora en la trinchera.

El yacimiento nº2 las jarras se encuentran distribuidas en dos suaves laderas. En lugar resulta atractivo y arbolado. También las jarras. En el interior de varias crecían árboles (ficus) que con su potente y superficial sistema radicular las rompían, troceándolas.

El yacimiento nº3 es el más impresionante. Se encuentra a unos kilómetros del segundo.
Las vistas son muy bonitas desde la cima de la colina donde se asientan las jarras. Se visita una cueva donde se refugiaban la población durante los bombardeos.
En todos los yacimientos se paga alrededor de 1€ por la entrada.  En cada uno los paisajes son diferentes y atractivos. Se respira un no sé qué en el aire que lo hacen lugares singulares.       
Las jarras están envueltas de historias y leyendas que conviene conocer antes para disfrutar más de la visita. 

Sentados en un microbús que va cargándose por el camino ponemos rumbo a VANG VIENG, nuestro próximo destino, siguiendo la ruta típica de los falang. Apretados en los asientos, junto a nosotros viaja una joven pareja  con una chiquilla monísima. Intercambiamos sonrisas, fruta y algo de comer.



Era la tarde avanzada cuando nos apeamos en la estación de autobuses de Vang Vieng.
Un señor nos indica que el guest house que buscamos está a varios kilómetros. Cansados del viaje, con la maleta a pedazos y mucho calor, María me esperaría en un bar mientras busco alquilar una moto y un lugar para dormir. 
Me sorprendo cuando me cobran por utilizar el puente por atravesar el rio. Me indigno hasta que me explican la razón. Más tarde encontramos otro estrecho y público.
Mi esfuerzo dio sus frutos.  Encontré un home stay en un lugar paradisiaco. Una alineación de habitaciones de obra con baño, rodeadas de jardín. Una pradera de hierba fresca donde pastaban las vacas y unas vistas alucinantes desde la habitación de las características bellas montañas de esta población enclavada en un espacio privilegiado, por un precio de 4 o 5€. Cuando la noche fue fresca la agradable señora que regentaba el lugar nos proveyó de leña para hacer un fuego en el jardín, plantado de árboles frutales y arbustos.
Servicio de lavandería. El hotel muy fácil de encontrar, estaba en el barrio del otro lado del rio pero alejado de la algarabía nocturna, al comenzar  el camino hacia el Lago Azul. Un cartel de madera en la puerta anunciaba el nombre SIVILAY GUEST HOUSE.

Vang Vieng es realmente una población de moda entre los turistas, sobre todo jóvenes, que pasean en traje de baño por las calles y pasan el tiempo viendo las series de moda en  pantallas de televisión de los bares tumbados en cómodos sillones. Algunos se desmelenaban al llegar la noche en los bares de moda como si nunca hubieran tomado una copa. 
No es difícil distanciarse de esta tendencia y encontrar otros encantos en este magnífico paraje. Para nosotros fue un lugar de encuentro  con amigos hechos a lo largo del viaje y otros que se unieron. El toparnos de manera improvisada con ellos fue muy emocionante  y todos juntos disfrutamos a lo grande.
El entorno natural es soberbio. Hay muchas posibilidades de realizar todo tipo de aventuras  en el agua y excursiones a pie. Para los amantes de las montañas y los bellos paisajes recomiendo descubrir en bicicleta el entorno por un circuito circular de tierra.
Disfrute como un enano con los preparativos para llenar de aire caliente el globo aerostático de alegres listas de colores. A pesar de no elevarse demasiado, el despegue de la cesta donde íbamos 8 pasajeros y el piloto fue no apto para cardiacos. Soplaba una leve brisa que arrastraba el cesto de mimbre en él terral y nos hizo votar repetidamente varias veces sobre el suelo del seco campo de arroz hasta elevarnos. El despegue fue lo más divertido para mí.
Las vistas de las montañas innombrables.
Como nos esperábamos nuestro próximo destino, la capital de Laos, VIENTIAN, no nos reservaba ninguna sorpresa. Trámite obligado en la ruta para abandonar el país hacia Tailandia. Una ciudad manejable andando como todas las del país. Dotada de altos edificios, avenidas con semáforos, coches y motos que producían ruidos y gases desagradables después de tantos días en contacto con la naturaleza. Concentra tres THALAT (mercados) visitables para empaparse de los gustos de consumo de la población. Buscando se puede encontrar cosas curiosas. ¡María compró 1kg de tabaco picado por 7€ !. Hay variada oferta  de tabaco rubio conservado en grandes sacos.   
Pero la estrella de la visita para nosotros estaba a unos 24 kilómetros de distancia del centro de la capital. Para llegar a XIENG KHUAN (Parque de Buda)  que significa “Ciudad del Espíritu” nosotros  optamos por alquilar medio día una motocicleta, pudiéndose llegar en transporte público.
El PARQUE DE BUDA es un espacio de creación surrealista de su excéntrico creador, repleto  de esculturas budistas e hinduistas extrañas pero atractivas, fabricadas de cemento.
Nos sorprendió.
Los días de vacaciones topaban a su fin e iba llegando el momento de pensar en recoger los bártulos. El país al que decíamos adiós sus habitantes nos saludaban sonrientes juntando las palmas de las manos sobre el pecho pronunciando SABAIDII (HOLA en laosiano). Nuestros oídos se  acostumbraron a no oír al amanecer en pueblos y ciudades el canto de los gallos. Todavía no llegó el “Bollicao” y los niños van al cole con una bola de arroz en la mano.


Nuestro avión de regreso a casa despegaba de Bangkok, capital del vecino país. Para trasladarnos hasta allí optamos por el tren nocturno. A primera hora llegaríamos a la estación de la moderna capital tailandesa. Disponemos de un día entero y su noche. Nos volcaremos en conocer el Palacio Real, residencia oficial del monarca. Los 50€ del ticket de entrada son justificados. La limpieza y cuidado de los edificios de los recintos palaciegos son esmerados.
Destacar los espectaculares trabajos de artesanía, auténticas filigranas barrocas de la decoración muy colorista de los edificios. En mi opinión, el resultado es un espacio amurallado abigarrado de edificios inconexos entre sí. No se deja espacio para perspectivas de construcciones de bella factura. La visita agotadora merece la pena.     

Terminada la jornada cansados esperábamos en una gran avenida el bus que nos devolviera al hotel. Pero pasaban los minutos y no llegaba. Nos aguardaba la guinda del final del viaje.
¡No podíamos creer lo que veíamos! Por un lado de la avenida entre los coches, desfilaban más de una decena de elefantes engalanados y pintados cada uno con su cuidador. Venían de una celebración con motivo del cumpleaños del rey. Pasaron justo delante de nosotros. Estaba tan flipado con lo que veía que no atiné a hacer ninguna foto en condiciones.
No regresaría a casa sin cumplir mi gran ilusión de ver de cerca a los elefantes.

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Re:SABAIDII - impresiones de un viaje por el norte de Laos
Precioso relato Javier,
Muchas gracias por compartirlo y por seguir dando continuidad a tu anterior relato    
Agua es vida: viaje al delta del Mekong

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